No a la pornografía

Y una mierda, a mí me encanta la pornografía.
Hay un aviso atroz en muchos sitios de pretendida literatura: Se permiten textos eróticos siempre y cuando se guarde el debido respeto y el buen gusto.
¿Quiere decir eso que las pollas y los coños han de dar lo buenos días al entrar? ¿Que las vaginas y los penes tienen que tener sabores y olores delicados?
Dos cuerpos desnudos abrazados entre las flores y las mariposas. Entre querubines sonrientes cogidos de las manitas en un amor sin fin (como no tienen genitales) y los corazones que palpitan al unísono, son auténticos recursos de belleza sin par. Y por lo visto los penes y las vaginas huelen mejor.
Y el semen es más cremoso, no mancha y es más blanco cuando hay lirismo.
Es bonito que te cagas moragas.
Para empezar: sólo hay una literatura erótica y la pornografía sólo es aplicable a la imagen fotográfica pura y dura (nunca mejor dicho).
Los que llaman pornografía a la literatura erótica están confundidos (la ignorancia es algo perdonable). Hay una literatura erótica prosaica y pura y otra lírica (lo que vendría a ser la ciencia ficción del sexo o sexo para niños).
No hay pornografía a menos que el texto vaya adornado de un buen nabo o un buen higo jugoso (obsérvese que he sido lírico y no he escrito polla y coño). Y aún así, deberemos distinguir (si podemos ante el impacto de la imagen), que lo que vemos no es lo mismo que leemos.
Sin embargo, a pesar de toda esa belleza del erotismo lírico, no hay nada como meter los dedos profundamente en su coño, separar sus labios para que su fluido mane y se empape la vulva. Y así llevarme los dedos a la boca para que vea que amo hasta el sabor de su chocho.
Veréis pequeños, olvidaos de pornografía. La literatura no muestra imágenes, sólo nos hace imaginarlas. Y si lo que imagináis es pornografía, no tenéis remedio. Ya que lo mismo da que jodan Adán y Eva con sus hojas de parra cándidas o Linda Lovelace tragando pollas con su clítoris en las cuerdas vocales; porque siempre hay corrida de por medio: semen, leche, esperma, maná divino, etc...
Para los estrechos de mente, para los que no han leído ni entienden lo que es leer e imaginar, seguirá siendo pornografía la literatura erótica que no es lírica.
Cosa que me suda la polla, porque si alguien dice que mis textos son pornográficos, me hace sentir especialmente bien; ya que casi cumplo con el objetivo de la fotografía: ser crudo y descarnado.
Beber del dulce néctar de su divino brote, es lo mismo que correrse en su boca. Es sólo una cuestión de estilos; como pueden ser el aburridísimo y completamente aséptico lirismo; o la más ofensiva pornografía en el erotismo crudo.
Y ambas frases describen lo mismo: una corrida, una acabada, una eyaculación oral.
¿De verdad los seres más sensibles aficionados a la literatura se van a creer que el semen sabe a néctar y mieles y que los coños y penes no huelen y saben a veces a orina? Y el culo a mierda.
Si alguien se ofende con ello, mejor que vea a Pocoyo bailando, que es algo que le hará soltar una lágrima tierna.
No hay hábito de lectura e internet es campo abonado para aquellos que su imaginación está tan limitada y moldeada, que una simple palabra directa sobre los genitales, les hace recordar que el placer viene por donde se mea. Y eso les parece un poco embarazoso.
¿Erotismo o pornografía? Las palabras pollas o coño no son pornográficas, y podrían ser eróticas en su contexto. Y sin embargo, en los lugares que se pide ese respeto mojigato, esas dos palabras se consideran pornográficas. Y más si se lo imaginan en sus propias bocas.
Pues a mí no me molestan esas palabras. Y me gusta que me coma la polla, y me gusta comerme el coño de mi reina.
Puede que los que tienen verdadera suciedad en el cerebro, sean aquellos que buscan la ofensa en una palabra y tal vez sus cerebros son tan sucios, que imaginan aberraciones más allá de lo que el escritor narra.
Vamos a ver si nos aclaramos: a quien le molesta verse el coño o la picha en el espejo, sin duda alguna debería leer literatura erótica lírica.
Insisto: siempre hay un glande eyaculando, un coño baboso y unos labios (vaginales o no) que van a ser regados. Sea tontilírico o sea simplemente erótico.
De verdad, debéis aprender a dejar de leer algo si no os gusta y si os excita no avergonzaros, no hay nadie mirando a vuestros genitales cuando leéis. Y olvidaos de esa hipócrita pregunta ¿Es erótico o pornográfico?
Mejor os preguntáis por vuestra vergüenza, vuestra insana religiosidad. Y sobre todo, por la envida que os corroe cuando alguien se expresa con total libertad y sin prejuicios.

Iconoclasta
Diseño y montaje de la imagen por Aragggón


7 comentarios
yo soy de las finas.
se nota.
...pero mi alma se corre de gusto al recordarla abierta mientras pongo su flujo a punto de nieve... y la devoro.
soy de las finas. Pero voy a meterme el consolador hasta que me rueden las bolas de los ojos.
besos y mas besos
30 abr 2011 | 01:13 PM
Un aporte para tu articulito...extraído de internet, no me interesa hacer algo más elaborado depués de leer tus planteamientos... LOS DESEOS SEXUALES DESORIENTADOS-PORNOGRAFÍA En una sociedad del deseo sin amor, la pornografía se ha convertido en un sucedáneo de ese mismo amor para muchas personas. Vivimos en un entorno erotizado en el que la oferta de material de consumo sexual es uno de los negocios más lucrativos. Hay de todo, dirigido principalmente al hombre, aunque también se busca abrir un segmento de mercado dirigido a la mujer, hasta el momento menos receptiva a este tipo de cosas. Los «clubes» y prostíbulos se multiplican, al igual que la prostitución callejera; hay cada vez más locales destinados a la venta de artículos eróticos, así como bares que completan su oferta de bebidas con espectáculos subidos de tono; los quioscos y ciertas tiendas despliegan una panoplia abrumadora de revistas y películas que tratan todo tipo de facetas de la sexualidad humana, desde las más normales hasta las aberrantes; proliferan los números de teléfono con contenido erótico y las nuevas tecnologías no se quedan atrás, pues Internet es hoy, en gran medida, un inmenso mercado de la pornografía. Es el buque insignia de una sociedad hedonista que, no sólo en el aspecto sexual, ofrece a los consumidores todo tipo de propuestas para olvidar los problemas duraste un rato. Es bueno divertirse. El fallo está en que esta inmensa batería de diversiones se centra en la satisfacción inmediata de las pasiones, de los impulsos elementales, exacerbando a menudo los fantasmas y perversiones de la mente, y olvidando todo contenido más allá de la diversión en estado puro. Diversión es distracción, es decir, quedar fuera de la realidad, engañarse a uno mismo. En esto la pornografía es maestra, pues ofrece una imagen de la sexualidad totalmente fantástica e irreal, a menudo delirante y hasta absurda. Sin embargo, es fácil de consumir: no exige reflexión ni pensamiento. También produce una fácil adicción, y cada vez más personas acaban enganchadas a ella, atrapadas por una obsesión sexual muy perniciosa, que deja sus vidas sin contenido y las entrega a un tipo de hedonismo particularmente agotador. Con incapacidad para descubrir la sexualidad conectada a un amor comprometido, duradero y maduro. Todo esto es fruto no sólo de la permisividad característica de la sociedad de consumo, sino también de la evolución equivocada del concepto de amor (y sexo) que definimos en un epígrafe anterior. Es la sociedad del «todo vale», ese confuso concepto de libertad que se basa en actuar de modo irracional, sin pararse a pensar en las consecuencias y sin tener en cuenta ni a uno mismo ni a los demás, pensando sólo en la satisfacción rápida de los deseos. Ya hemos comentado en otro lugar que nada hay más lejano a la libertad que esto, pues la persona que vive atrapada en este laberinto no es libre en absoluto. El hombre prisionero en las redes de la pornografía (recordemos: una faceta característica del hedonismo moderno, aunque no la única) es infeliz y sufre. Vive como un adicto, sabedor de su problema, pero no sabe cómo superarlo y si es bueno que lo consiga, y cuando por fin descubre la realidad, sus intentos de liberación chocan con un «síndrome de abstinencia» que adopta la forma de todo tipo de trastornos, principalmente de carácter neurótico. La oferta pornográfica es enorme, pero hay un tipo de producto especialmente destacable y que revela como ningún otro la verdadera esencia de la pornografía en nuestra cultura actual. Se trata del teléfono erótico. Hablaremos extensamente de él en un próximo apartado, pero queremos adelantar algunos puntos. Es un logro de los expertos de la mercadotecnia sexual. El teléfono erótico es anónimo, prefabricado, inmediato y a la carta. Se marca un número y una voz sugerente cuenta una historia erótica que, a través del oído, estimula la imaginación del oyente. La satisfacción sexual es relativamente rápida y, sobre todo, descomprometida. Al acabar, la persona se siente mal y vacía, incluso culpable, pero pronto se recuperará y, presa de la adicción, volverá a marcar un número de teléfono. Se entra a través del teléfono erótico, como a través de cualquier otra forma de pornografía, en un ciclo neurótico de impulso-satisfacción rápida del deseo-malestar-nuevo impulso, que lleva a un muy notable estado de infelicidad, aburrimiento y vacío interior. El verdadero amor, incluso la verdadera sexualidad, es algo muy diferente de todo esto. El amor abarca todos los sentidos, precisa del contacto no sólo físico, sino mental y espiritual, y requiere esfuerzo, inteligencia, voluntad y deseo: el deseo de conocer la interioridad del otro.
30 abr 2011 | 02:01 PM
maadredelamorhermooooso..
luego lo leo, despacio.
...mas besos, humedos esta vez.
30 abr 2011 | 02:03 PM
Eres de las finas, de las ingeniosas y las divertidas.
Gracias por ese humor Enredadass.
Besos y buenas vibraciones.
Buen sexo.
30 abr 2011 | 10:07 PM
Bueno, Julio César, me parece un tanto fuera de lugar este artículo de internet, puesto que hablo de quien confunde pornografía con literatura.
Aún así, y por prestarle atención, diré que es de lo más catastrofista y manipulador, puesto que los que están enganchados a al pornografía son un mínimo porcentaje, que como en toda democracia no cuentan ni influyen.
Además, cada uno es libre de engancharse a lo que quiera y no creo que sea necesaria la Santa Vigilancia de Torquemada.
Si un idiota está dispuesto a dejar lo que gana en un teléfono erótico, yo me limitaré a sonreír y pensar que si los idiotas volaran taparían los rayos del sol y sobrevendría una tercera glaciación.
Saludos.
Buen sexo.
30 abr 2011 | 10:11 PM
no hay nada peor que la hipocresía y por desgracia de eso andamos sobrados por todas partes. pero todo se aprende. no a todos nos tiene que gustar la misma forma de expresar las cosas, para gustos los colores, y por eso lo mejor es no leer lo que no nos gusta. total, para perder el tiempo...
lo que está muy claro es que tus textos son descarada y descarnadamente sexuales y combinas sexo, pasión, violencia y toda clase de tabúes con un lenguaje brutal y directo que si mi abuela te leyera te lavaría la boca con jabón lagarto. y luego lo llamamos como quieras. unos los disfrutamos y otros no. pues ellos se lo pierden ;)
un beso descaradamente risueño
30 abr 2011 | 10:45 PM
Exacto, 123, nada de perder el tiempo.
Lo de lavarme la boca con jabón, también lo hubiera hecho mi abuelo, de hecho lo intentó.
Gracias por tu humor y por tu afilada visión de los humanos.
Besos.
Buen sexo.
2 may 2011 | 12:36 AM
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