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Terra
La Coctelera

Iconoclasta, la provocación en estado puro.

Relatos, ensayos, iras, sexo... Y a lo mejor, algo de risa.

Categoría: Amor cabrón

Año Aragón 1

Para Aragón, mi amor, mi roja era.

Un año no es nada,

solo es un montón de granos de arena

bajando veloces por el cuello del reloj.

Granos precipitándose a velocidad vertiginosa

ante su mirada y su rotundo cuerpo.

Año rojo como la arena de un desierto

que no existe más que en mi pecho.

Rojo de pasión, deseo y labios.

Los suyos, todos los de su cuerpo,

de su coño enloquecedor.

Año Aragón 1 es mi nueva era,

mi cultura, mi civilización.

No me sirve, no me atañe

un calendario católico,

judío, maya o chino.

No hay año oficial. No para mí.

Ante ella y con ella, hago historia

y creo mi erotómano ciclo de rojos días.

De labios rubís.

Desearía dar la vuelta al reloj

y que se vaciara hacia arriba,

que se llenara siempre.

Que sus labios tiñeran mis arenas

de rojo húmedo. Eternamente.

Barro húmedo y rojo de amor:

el consuelo a la indecencia

de mi pasión pornográfica por ella.

Quiero ahogarme en la arena que nunca caerá,

deseo el tiempo siempre lleno de su amor.

Exhorto:

Que me entierren en Marte,

en ese colorado planeta que tan solo

un poco se acerca a mis escarlatas días con ella.

Exijo que sus rojos labios

se estampen en mi lápida

junto a un reloj de arena siempre lleno

aunque sea trampa, estar con ella lo justifica.

No necesito más epitafio.

Ni siquiera una fecha,

solo mi Año Aragón.

Iconoclasta

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Podría darse el caso

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Rindo honor a la vida

Ya tengo recuerdos, ya tengo razones para defender la vida y no repudiar más a la memoria.

Con sus pechos entre mis dedos…

A mi puta memoria que trae la vergüenza del error y el tiempo perdido.

A veces ocurre, aunque tarde más o una eternidad: que deje de odiarse el pasado, el mío.

Es normal que muramos odiando el pasado.

Habitual…

Y lucho inconscientemente contra lo que deseo, pensando que el amor es un espejismo engañoso que atravieso y del cual solo siento el abrasador calor del asfalto.

“Desconfía”, me decía con cinismo.

Antes de que hubiera crecido sabía que no sería fácil. Es bueno recelar en un mundo infecto. De hecho es la única opción para no ser como ellos.

Como el resto.

Hay que proteger la ilusión que ellos se encargan de rasgar en burdos jirones que ni el viento mueve de pesados que son.

Prefiero abortar ilusiones a dejar que otros las despedacen.

Mi ano se dilata con facilidad para estas cuestiones.

Y hoy siento en mi vida un soplo de aire fresco en el infierno.

Rindo honor a la vida y a los recuerdos con una sonrisa, con paz, con música tranquila. Con el sabor de su sexo en mi boca.

Dejando que su mano se deslice por mi vientre en busca de mi pene debatiéndose en espasmos de ansia ante la cercanía de un placer cuasi paranoide.

Ocurre que los malos recuerdos retroceden ante los anticuerpos del amor, ocurre pocas veces. Es maravilloso.

Y ahora no quiero morir, no es necesario.

Es cuanto necesito: su compañía, su cuerpo.

Lamer y penetrar su esencia.

Vivir ha sido agotador, vivir sin ella ha sido un viaje espacial en el que solo he recibido parásitas transmisiones sin sentido, pequeños proyectos de vida abortados en un gemido mudo y frío.

Las rosas se rompían congeladas en el vacío cósmico, como cristal que cae al suelo. Rojos rubís de mate sangre flotaban como cadáveres de ilusiones en mi nave intertragedial.

No eran las cosas como debían.

Rindo honor a mi corta vida; porque ahora lo es. Es vida.

Ahora es cuando late el corazón con un fin.

Y a los muertos dejo en paz, dejo de envidiar.

La banalidad se ha agazapado rabiosa en su madriguera y el amor y el ánimo rugen victoria frente a sus fauces llenas de espumarajos.

Mi baba se desliza entre sus piernas con pereza, humectando.

Acalorando.

Y su sexo es la puerta a la dimensión que siempre busqué.

Mi pene embutido en ella cierra la frontera entre los dos universos: una escotilla hermética de un submarino que baja a las profundidades para reventar por la presión.

Para que nada contamine el amor.

Se ha roto lo sórdido, han explotado como cargas de profundidad el ansia y la inquietud de no ser, de no estar.

Mi semen es un solo fluido con el suyo, un bebé podría crecer de esa sola gota, sin necesidad de útero o sangre. En el suelo, entre nuestros pies. En la placenta de las sábanas empapadas.

Rindo honor a la vida y a ella.

Profundamente.

Adentro, muy adentro.

Mi pene desdibuja y funde los bordes de su vagina para amalgamarse conmigo. Estoy en ella y soy ella.

Palpitamos al unísono.

Cabalgamos la vida sin deseos de apearnos de ella.

Hoy rindo y rendimos homenaje a la vida y al amor eyaculando y embarrando resbaladizamente los sexos. Revolcándonos entre los pétalos sangrantes de una rosa congelada que flotaba en mi memoria.

Fundiéndolos.

Lanzamos las copas a nuestras espaldas, que se rompan los recuerdos aciagos. Que se jodan, que se jodan, que se jodan, que se  jodan…

Es tiempo de vivir.

De follar.

Iconoclasta

Ilustrado por Aragggón

Feliz cumpleaños mi vida.

Te amo Aragggón.

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Yo no soy esquizofrénico

Yo no soy esquizofrénico, sin embargo tengo una doble personalidad.

Estoy yo y está Él: el Dios Polla, el Pene que vive su propia vida. El maldito ser que me traiciona; que pone de manifiesto mi deseo quiera o no.

Necesito hablar seriamente, siento la necesidad de ser racional; pero ella me mira de cintura para abajo y sabe que no lo conseguiré y ríe con su cómplice. Con mi segunda personalidad que acapara la suficiente sangre para dejarme el cerebro seco.

Mi pene no entiende de palabras ni emociones, se endurece ante ella, ante el recuerdo de sus manos descapullando el placer, besándolo, lamiéndolo. Tragando todo el amor que mi pornógrafa personalidad escupe dentro y en su piel. En sus ojos, en su cabello…

Está hermosa, mi pene la hace intensamente guapa.

No la puedo apartar de mi mente, no puedo dejar esta erección dolorosa, inconsolable.

Me duele…

Pero no me hace caso. Su función es joderla. Siempre acabo rendido ante los deseos de ambos: de ella, de él. Del que vive entre mis piernas, el que parasita mi riego sanguíneo y me obliga a acariciarme, a descubrir mi baboso glande a la atmósfera. Bendito frescor el del aire en mi capullo recalentado…

Con los dedos entre mis pesados testículos y el bálano, se me tensa el vientre y descargo a presión, sin control. El ombligo se inunda y todo es paz durante ese desfallecimiento del Dios que me esclaviza.

No puedo afirmar que estoy triste sin ser traicionado por mi otro yo. Es imposible que me tome en serio cuando mi erección tensa la ropa que cubre mi polla.

Mi puta polla…

No odio a mi pene, no pretendo extirparlo; pero me hace imbécil.

A veces creo que piensa cosas feroces, cosas hostiles para la ternura. Y decide invadir su coño bendito, alojarse, apretarse y soltar su carga de semen contra toda emoción  racional de amor y ternura.

Yo me rindo ante la indecente violación de su cuerpo. Y soy un instrumento en poder de mi pene.

Es un dios que se muestra impertérrito ante el llanto, la risa o el miedo.

Él no se preocupa más que de endurecerse, empaparse y penetrarla ante la sola visión de sus labios.

Soñamos con restregarnos por sus pechos y dejar un río blanco en su torso, un río que se extienda hasta el mismo vértice de su coño y se haga dos inundando la vulva que besamos, lamemos y penetramos.

No puedo consolarla cuando está triste, porque mi esquizofrenia presiona y palpita ante el calor de su cuerpo.

Otra vez sin sangre para pensar, otra vez mi miembro intenta alojarse entre sus piernas, busca penetrarla. Yo solo puedo presionar contra ella y dejar que fluya este líquido viscoso que me lleva a la desesperación.

Orino y está presente en la gota que se prolonga y que cuelga de mi meato demasiado sensible. Cierro los ojos y dejo que pese la gota, que se balancee.

La gota me masturba en sórdidos urinarios, en malolientes lugares. Mi esquizofrenia no considera los decorados.

Mi pene es obsesivo, cada día exige más. Cada día la ama más, quiere amar más que yo. Quiere poseerla más que yo.

Yo no soy Jeckill, no soy docto; pero mi mister Hyde, no tiene piedad de mí.

Ella no tiene piedad con su desmesurada sensualidad. Con su erotismo a flor de piel.

A flor de mi polla.

Yo no soy esquizofrénico y si lo fuera no desearía tratamiento.

No es una alucinación lo que tengo entre mis manos palpitando.

No lo soy.

Iconoclasta

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Castigando la lascivia

Contiene entre las uñas la lujuria.

Busca un placer que nadie otorga y sus pechos están henchidos de la más dolorosa sed.

Ojalá mi glande fuera herido por sus uñas de negra laca, que mi pene sea aplastado y herniado por esos pechos heridos.

Que mi lengua de paz a sus pezones erizados de púas de lascivia.

Que mi semen sea la lujuria incontenida.

Que sus pechos maltratados formen el canal de la más incontenible lujuria blanca.

Oscuros pezones, blanco semen… Un damero pornográfico.

 

Iconoclasta

Por y para Aragggón.

Modelo: Aragggón.

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Dulce desidia

Tal vez mi reina está cansada, tal vez sea el bendito desfallecimiento tras la escalada al placer.

O el descenso… No sé donde se encuentran los polos, ni el sol, ni la tierra cuando mi semen empapa mi pubis o el de ella.

Solo me guía su cuello indefenso y vulnerable, una vena que late potente y tranquila.

Son mi cénit sus labios de pura carne suave y tierna, congelados en un suspiro.

Hay quien se siente Dios por su poder, otros por su sabiduría, otros por su bondad.

Yo no, yo soy Dios porque congelo el más bello instante.

Yo soy su Divino Objetivo, embotado de sangre que palpita aún furiosa ante su visión.

Quisiera ser su dulce desidia.

Y soy su obscena fatiga.

 

Iconoclasta

Para y por Aragggón.

Modelo: Aragggón.

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Tentación

No hay nada elegido al azar. Cada gen, cada trozo de piel y cada cabello han sido diseñados por algo o alguien no-humano con una concepción desmesurada y alienígena de la provocación.

Alguien la programó para que la tela negra que cubre sus pechos, resbalara por su piel y mis humanos ojos asistieran a un eterno discurrir del deseo.

No tengo alma, la he vendido por ella.

Su piel es blanca y repele el negro encaje, provoca la destrucción de la tela por manos y bocas colapsadas y crispadas de una tentación ya delictiva.

No sé distinguir la imperceptible frontera entre la desesperación y la tentación.

Solo sé que soy un bálano herido de lujuria del que cuelga una gota densa sin llegar a desprenderse nunca.

Ella es mi tentación, y mi tortuosa gota que busca su blanca piel para extenderse.

Para evaporarse.

 

Iconoclasta

Por y para Aragggón.

Modelo: Aragggón.

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Sin piedad

No hay descanso, se acabó la chica buena.

El cabello está alborotado de deseo. Es hembra en celo, no reproductora. Predadora de deseos y voluntades.

Seré su alimento sin poder evitarlo. Sin quererlo…

Bellísima en su agresividad, como mantis religiosa de implacable mirada, es trama y trampa de cuerpo lujurioso. Es pura selección natural en lucha cruenta por un placer.

Vive en la cima de la cadena alimentaria, yo soy su alimento.

Soy víctima de la más terrible hipnosis del mundo animal, alimento entre su piel. Un pene amputado en lo profundo de su sexo ávido.

Ella sin piedad, yo sin opción.

Sin perdón.

 

Iconoclasta

Por y para Aragggón.

Modelo: Aragggón.

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