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El Probador de Condones reflexiona sobre su trabajo
¿Cómo es la vida profesional de un probador de condones?
Pues no es tan alegre y hedonista como pueda parecer. Cuando se folla por trabajo, puede uno caer en el hastío. A mí aún, tras diecinueve años de trabajo, no me ha pasado; pero por alguna casualidad se podría dar el caso. Es normal pensar en estas cosas cuando ves a hombres aburridos beber cerveza tras cerveza en el bar con sus dedos grasientos de aceites minerales viejos y nada de vaselina, semen o fluidos femeninos.
Hay días en los que necesito desligarme de mi trabajo y es por ello que de vez en cuando voy con putas para liberar tensiones, pagar es una forma de hacerlo por gusto y necesidad, como si fuera un hombre normal. Ese es todo el trauma que me causa mi trabajo. Y a mi mujer también porque no le acaba de hacer gracia que me vaya de putas a pesar de que sirva de alivio a mis momentos de desánimo. Es una egoísta.
Bendigo mi suerte a pesar de este detalle sin importancia.
Tengo el privilegio de no pasarme ocho horas en una fábrica atornillando los intermitentes de un coche como un pobre ingeniero.
Yo diría que quien peor lleva mi trabajo es mi mujer porque después de haber hecho los desayunos, comida, cena, la limpieza y unas lavadoras; ya no siente la misma alegría de antaño al ver mi polla erecta. Parece un poco desencantada tras quince años de matrimonio.
No me la mama con entusiasmo.
Y no siempre le ocurre, yo creo que se hace mayor.
Las mujeres que conozco envejecen peor que yo. A cambio han vivido momentos de intenso e inigualable placer, un placer que yo obsequio con generosidad aunque jamás me lo devuelven con la misma intensidad. Cosa que no les reprocho, ya que genéticamente no hay mujeres que puedan dar un placer comparable al que yo proporciono.
A veces uno se siente solo, más o menos como los superhéroes de las películas.
Los superhéroes son una especie de superdotados, como yo; pero con poderes menos carnales y mucho más banales.
La singularidad y el elitismo provocan soledad. Esto no se trata de un problema, ya que dado mi nulo carácter social, se convierte en una ventaja.
Recuerdo hace años, que mientras follábamos, nuestro hijo de un año cayó de la cama al suelo, el ruido no fue demasiado fuerte, no le salió chillón y aunque le hubiera salido, teníamos semen de sobras para untarle en la frente.
Recuerdo como reíamos, yo lamiendo su coño y ella con mi pene en la boca. Eran tiernos momentos. Iconoclastito lloraba desconsoladamente y ahora no sé si es porque no le chupaban o no chupaba.
Tal vez mi santa echa de menos aquellos tiempos. Nuestro hijo ya no quiere estar con nosotros al follar. Le insistimos para que aprenda; pero ya está en esa edad de los catorce años en la que prefiere hacerse pajas con las fotos de las aborígenes desnudas de los reportajes del National Geographic que compro cada mes.
En fin, que cuando Mari acaba sus tareas domésticas, ya no está tan interesada en adorar mi enorme rabo como lo estaba hace ya unas horas.
Cuando por fin se sienta cansada en el sofá y no dan nada en la tele que a mí me guste, le cuento cómo me follo a la hija del gobernador (estudia farmacología y presta sus servicios como becaria en mi empresa; todas las niñas pudientes sueñan con mi departamento). Cuando le explico que su vagina es muy estrecha y que incluso aún, tras cuarenta y ocho horas de haberle destrozado el himen, llora emocionada, a mi mujer se le ponen los pezones de punta.
—A veces eres tan guarro… ¿Y su orgasmo es rápido? —me pregunta separando las rodillas.
—Se corre en dos minutos. Con lo estrecho que es su coño, al penetrarla se le tensa el clítoris mucho y sus mini-pezones se ponen duros como canicas.
—¿Y grita?
—Como una cerda. Cuanto más ricas son, más guarras. La semana pasada me quitó el condón para que me corriera en su boca. Toda la prueba del lote se fue a la mierda. Tuvimos que repetirla y lo pagó con un coño más irritado que el culo de Ahmed. La regañé y la sancioné con dos pruebas anales extras. A propósito de Ahmed, vino a darle un buen repaso con la lengua porque estaba ya más seca que la mojama.
—¿Y cómo ha aguantado esa penetración anal siendo virgen?
—No la ha aguantado, cuando llegó a su casa tras la jornada peta-culos, su madre la oyó gritar cagando en el lavabo y a la mañana siguiente se presentó en el despacho del director de la fábrica con la niña de la mano y las bragas sucias de sangre para quejarse. El director me la envió a mi departamento y entró con su niña cogida de la mano y con permiso para insultarme.
—¿Qué te dijo?
—Me llamó “cabrónhijolagranputa” y que si tenía lo que hay que tener, se lo hiciera a ella. Le respondí que la respetaba como gobernadora que era; y que le podía hacer una demostración de cómo había sido lo de su hija. “Usted ya tiene experiencia y seguro que lo entenderá” le dije. Se sonrojó un poco al darse cuenta de su poco oportuno berrinche y se suavizó cuando me bajé el pantalón para colocarme el condón Penetrations Matures (el más gordo para provocar un mayor roce vaginal en las mujeres ya menopaúsicas).
—Disculpe mis modos; pero mi hija es lo que más quiero y pensar que abusan de ella me pone histérica —me dijo hipnotizada por mi pene enfundado en tan grueso condón.
—Lo entiendo gobernadora. Pero esto es un trabajo y su hija debe comprender que no es una broma, las pruebas de integridad de los lotes son un bien para la sociedad y hay mucha responsabilidad en ello.
La gobernadora me lanzó una sonrisa encantadora y le dijo a su hija:
—Lo que dice el Sr. Iconoclasta es cierto. Es una gran responsabilidad y si te duele el culo, te jodes —dijo bajándose la falda y las bragas.
A esta altura de nuestra conversación, mi santa ya me había sacado la polla del pantalón del pijama y me la comía. Yo la penetré sentándola en mis rodillas y pellizcándole el clítoris me corrí pensando en la hija del gobernador y su estrecho chocho de dieciséis años (a esa edad no se suele ir a la universidad, a menos que aunque seas subnormal, tu padre pague lo suficiente para hacerte pasar por genio). También pensaba en la madre que me devoró la polla con aquel carnoso culo más holgado que su vagina.
Ya no pude contarle que la gobernadora tenía el culo herniado por las embestidas de su marido gobernador y del secretario del gobernador. Ni que su hija acabó lamiéndome los cojones mientras a su madre le llenaba ese culazo inmenso que era capaz de tragarse un melón entero atravesado.
Mari pensaba también en el culo dilatado de la hija de la gobernadora cuando se corría; pero no es tortillera, lo juro. Simplemente se puso en su lugar, las fantasías sexuales son impredecibles.
Y así es como mi mujer, durante unos momentos, dejó de sentir esa pequeña depresión por mi trabajo.
A pesar de que llevo tantos años realizando este bendito trabajo para el que nací, sigo acudiendo casi ilusionado todos los días. Lo único que ahora me está aburriendo un poco, es la gobernadora. El director de la fábrica la ha invitado a participar en las pruebas con su hija durante todo el mes a cambio de un permiso especial para poder colocar dispensadores de condones en las entradas de los ministerios.
Y es que siempre el mismo plato cansa.
Y a pesar de todo, consigo que mi mujer de vez en cuando muestre algunas expresiones de ilusión cuando la elevo a los cielos con una buena follada.
Hay que cuidar el matrimonio porque de lo contrario te quedas sin chacha para la limpieza.
No hay trabajos aburridos; pero sí mujeres malfolladas.
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Iconoclasta
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->El Probador de Condones y los amores platónicos
El amor platónico hoy en día es el inicio de unos tremendos cuernos cuando el que lo padece y la que es la protagonista de sus sueños está casada o arrejuntada.
Ahí es cuando el marido o pareja o novio de la platónicamente adorada, tiene que empezar a sacar brillo a sus cuernos.
En otros tiempos, cuando los amantes se comunicaban por correspondencia postal, ya que no había internet, ni teléfono móvil y ni siquiera había divorcio; los cuernos no llegaban a lucirse lo bien que se lucen ahora. Es que da gusto ver a cornudos y cornudas paseando sus osamentas por las avenidas y calles de los pueblos y ciudades.
Porque ocurre que ella sonríe complacida al sentirse la gran diva de los sueños de un hombre. La vanidad de saber que se es hermosa es una auténtica apisonadora imparable. Campo abonado para los cuernos.
(También valdría narrarlo al revés, desde la perspectiva de que es el hombre el que le pone los cuernos a la mujer; pero soy hombre y me siento más a gusto así).
Yo mismo me puedo hacer tremendas pajas con las palabras de amor y mensajes de gran humor y cordialidad que puedes ver en los muros de las redes sociales. Y es que imaginarse a una mujer hermosa masturbándose ante la cara (vía messenger, yahoo o skype) del que la ama platónicamente es una imagen de impactante y eréctil erotismo.
Salen ruiseñores de su coño (del hombre no quiero imaginar lo que sale porque me dan asco todas las pollas menos la mía).
El proceso es que ella empieza a sentirse más feliz que nunca con los pequeños mensajes de humor y amistad (qué asco) que son cada vez más esperados en el ordenador y en el móvil. Y en poco tiempo, se encuentra mirando a su hombre habitual con cierto asco.
Y piensa: ¿Con ésto me he juntado yo?
Sí ya sé que narrado así suena asqueroso; pero la realidad la puedes maquillar con los colores que te salgan del coño o los huevos; pero sigue siendo así de simple y divertida para los que lo vemos desde las gradas del Estadio Olímpico de los Cuernos Virtuales y Reales.
En la otra dimensión, el amante platónico se mata a pajas virtuales y recurre a todos los medios gráficos para encontrar con que excitar a la bella. Y lo más efectivo suelen ser los mensajes de no más de tres o cuatro palabras. Cosa que me hace pensar que la bella, además de serlo, debe ser idiota o cuanto menos, imbécil. Pero se le puede perdonar porque está buena.
En la dimensión más práctica y triste, está el hombre habitual de la bella, que empieza a ser una especie de bulto aburrido que es incapaz de provocarle las sonrisas que ella lanza a su teléfono móvil.
Es inevitable que a uno se le escape la risa al observar una pareja de este tipo, ella pegada al teléfono, él pegado a sus cuernos mirando un triste plato de sopa mal cocinada.
Esto es un proceso habitual en todos los casos. Yo lo sé todo, porque soy el que provoca que las mujeres miren más el teléfono que a su hombre y ellas follan pensando en mí.
No es por vanidad, porque la vanidad es cosa de las bellas. Es porque si alguien confiesa a su platónico/a amante su amor enloquecido, es para follar y no por vanidad.
Yo no me paso el día follando para pensar que las nenas que se ofrecen voluntarias para probar los condones de la fábrica donde trabajo, están enamoradas de mí. Simplemente desean a alguien muy hombre llenando sus coños.
Normalmente, las parejas de amor platónico duran un mal polvo y mientras tanto con sus parejas habituales entran en conflictos tremendos que les lleva a estados de estrés y ansiedad, siendo el culpable, precisamente, el cornudo.
Y aunque los amantes platónicos se toquen frente a una cámara, el hombre de la bella, ya puede ir afilando sus cuernos, porque le servirán para pinchar aceitunas cuando el camarero se olvide de servir palillos. Se toquen con las patas de pollo del caldo o con las alas de un ángel, el cornudo no pierde dramatismo alguno en su estatus.
Hay cosas que ocurren cada día y ésta es la más evidente y más habitual, porque si de algo sirve internet, es para buscar pareja virtual artificial o real y lucirse como un humano de unas aptitudes que rayan en la divinidad; pero esto solo entre los amantes.
Porque el cornudo piensa de ellos que son dos cerdos del tamaño de un tren mercancías.
Esta es la más vulgar, la más adocenada de las relaciones que se dan por internet.
Este proceso degenerativo para el cornudo no debería ser demasiado doloroso a menos que sea imbécil, porque si convives con alguien, hay que ser muy idiota para no darse cuenta de los pequeños cambios que se operan en la mujer (me la pela que me llaméis machista, pero yo nunca pienso como mujer) que es adorada platónicamente por otro hombre. Lo ideal es pasarse por el forro todo ese amor que quedó en el pasado y empezar a buscarse la vida por otro lado. Con un par.
El momento culminante llegará cuando ella le diga: “Cariño, tengo que pasar un par de días en la Columbia británica porque formo parte del jurado de una revista que otorga premios literarios, y que sólo existe allá. ¿No te sabe mal verdad?”.
Yo es que me parto de risa.
Total, él hubiera hecho lo mismo si hubiera tenido un amor platónico femenino.
Y es que con internet, cualquiera que sepa poner bien los signos icónicos que se usan con paréntesis, dos puntos, la X, la D y la madre que los parió a todos, se convierte en el amante perfecto. En el más simpático de los seres y en el que la bella piensa en muchas horas al día arrepintiéndose de haber elegido un hombre tan aburrido como pareja real.
El amor platónico en internet, es más barato y fácil que gastarse el dinero en putas para quitarse la frustración del poco follar. Y por otro lado, si el adorado o la adorada es feliz, el público dará palmas de alegría ante tan maravillosa relación. Ya que verán en ello, que ellos también podrán ser así de dichosos.
Pero la culpa no es de internet, que nadie se engañe, la culpa es que siempre hay quien tiene una polla más gorda que la nuestra y que sus dedos son más ágiles para pulsar iconos y decir cosas tan aburridas que nunca entenderemos como es posible enamorar con ellas a una idiota.
Bueno, mientras os folláis los unos a los otros virtualmente y en el mejor de los casos, escasamente. Yo me voy a probar el lote de condones Andorransdiv11122xytelamamo, que son especiales para los viajes a Andorra de las parejas un tanto promiscuas y platónicamente enamoradizas.
Los cornudos: tranquilos, no desesperéis porque es algo que siempre llega, os largáis a otro sitio que hay más mujeres que subnormales. Tampoco es un gran drama.
Buen sexo.
Siempre abundante: El Probador de Condones.
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Iconoclasta
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->El Coyote
http://iconoclasta-telegramas.blogspot.com/
Estoy pensando en el coyote de Correcaminos. Toda una vida dedicada al fracaso, a la humillación, al hambre, la sed, la pobreza y el agotamiento. a la burla y a la ignorancia.
Y aún así el bicho no pierde la esperanza.
¿No es un poco sospechoso que se trate de una serie de dibujos animados infantil?
No es que crea en conspiraciones; pero sería ingenuo pensar que no se trata de un tosco adoctrinamiento y no precisamente subliminal para que los niños vayan aprendiendo que de Coyotes hay a miles y de Correcaminos muy pocos, poquitos
Que sobre todo no pierdan la moral a pesar de que los inventos ACME no sirven ni para rascarse el culo.
No hay cosa que me parezca más triste y deprimente que el pobre Coyote con las orejas caídas y esos ojazos reventones a llorar.
Soy su viva imagen.
Hermanito...
Bip-bip de mierda...
Buen sexo.
Iconoclasta
Quien bien te quiere...
El probador de condones y un documental
Estaba viendo un documental del mar, dicen que el más caro de la historia: que si rodado en HD, que si meses de grabación, la hostia puta de horas de post-producción, no sé cuantos kilos de caviar y salmón ahumado para el director y el doble de sardina barata para el resto del equipo…
Pues para alguien tan instruido como yo, ese documental era lo mismo que todos los que había visto. La única diferencia estaba en que los pescados hacían ruidos graciosos. Incluso las anémonas hacían ruiditos dignos de una película de Walt Disney. A los cinco minutos de empezar a ver el documental, y en vista de que no salía el consabido tiburón blanco comiéndose un cachorro de foca, o bien el apareamiento de los delfines con su hocico consoladoriforme; me abrigué la picha con un condón y di descanso a mi poderosa psique.
Cuando te pasas todo el día probando condones, al final sientes la necesidad de abrigar el pene. Es inercia, costumbre. Una muy buena costumbre que relaja.
Y así, viendo como una manada de turistas se emocionaba por acariciar una ballena (cosa a la que no encuentro gracia alguna) me quedé dormido.
Será porque me paso el día follando por lo que soñé que follaba: pero en lugar de probar el condón con sabor a Algas del Caribe con la hija de la jefa de vaselinas y anilinas de la factoría de condones, soñé que me encontraba en una playa llena de asquerosas iguanas, observando con lujuria a una sirena de enormes tetas.
Yo me había calzado la polla con un vistoso condón serigrafiado con escamas en 3D metalizadas (creo que ahí radicaba mi pesadilla, temo que mi gusto pueda aproximarse al oriental).
Si mi polla es eficaz, mi cerebro también, es extraño que en un solo ser se dé tanta perfección: pero es algo que asumo con naturalidad y humildad para no hacer sentir inferiores al resto de mediocres humanos.
La sirena no hablaba, sólo emitía unos molestos chirridos. Olía fuerte, a pescado de días; pero tampoco era algo muy diferente al consabido olor a bacalao de todos los coños humanos.
Ella miraba fijamente mi polla enlucida con esas escamas en 3D y sus pezones estaban duros como los arrecifes coralíneos que se podían observar a través de la cristalina agua.
El follar es un lenguaje universal seas mamífero, pájaro, cerdo o pescadilla, todo el mundo sabe cuando se ha de meter en caliente. Bueno, todo el mundo no: sé de más de cien mil millones de idiotas que no diferencian el coño del agujero del culo.
Pero vamos, al final la interesada es quien les guía la polla al túnel del amor y pueden dejar su apestosa simiente en ese coño indefenso y triste porque todos esos millones de palurdos no saben arrancar ni un segundo de placer a su hembra.
Sólo tienen hijos y se sienten orgullosos no sé porque; yo tendría miles de hijos y no me siento especialmente orgulloso.
De cualquier forma hay mucha incultura, porque no sólo existen los condones para evitar embarazos no deseados. Un buen aborto siempre es una salida elegante. Siempre y cuando no lleves a tu santa a la curandera que vive dos casas más arriba. Porque si ella pilla una infección, tu polla también.
Maravilloso.
Y tras esta reflexión sobre el sexo y la reproducción, me dispuse a metérsela a la sirena.
Me sentía un poco desolado, incluso triste al no ver piernas abiertas, una putada…
Pero bueno, ella levantó un poco la cola y observé aquel agujero fresco.
Soy un hombre con un gran poder de adaptación al medio.
Me acerqué a ella, le pellizqué el pezón y me enseñó los dientes con hostilidad, yo creo que quería que se lo mamara, pero a mí el pescado crudo no me va. El sushi es un alimento incivilizado, bárbaro, barato y nauseabundo.
Oriental para mayor inri.
Y tampoco soy muy tolerante con las extrañas y caprichosas culturas culinarias que no tienen tiempo de pasar el pescado por la sartén aunque sea vuelta y vuelta.
Cuando la penetré, casi se me arruga la picha de lo fría que estaba. Malditos peces de sangre fría...
Luego me recorrió un escalofrío de terror al pensar en las espinas. Pero una vez dentro, yo no me retiro porque soy valiente y lanzado.
Ella profería una especie de jadeo que era un chirrido que lejos de desanimarme me la ponía dura. Me observaba como si de un momento a otro me fuera a volver loco, esperando que así ocurriera. Pero mi poderoso pene, libre de mitomanías y miedos de clásicos cómics, continuó su proceso de redención de la libido y pronto cambió sus espantosos chirridos por un claro y coloquial: “más adentro cabrón”.
Ulises las pasó muy moradas con las sirenas porque no era tan hombre como yo.
En vista de que aprendió a hablar, le metí una sardina de premio en la boca y aquello la llevó a un grito infrahumano de placer. Entre las iguanas todo era confusión y copulaban machos con machos sin ningún tipo de escrúpulo ni de vergüenza.
Pude ver desde la roca en la que me estaba tirando a la sirenita, a un turista ya entrado en años que levantó la falda a su anciana madre mientras ésta se apoyaba en la baranda del barco para vomitar por la belleza de las ballenas y la empaló tan profundamente que a la mujer se le calló la dentadura al mar y un delfín empalmado, de un salto se la puso al alcance de la mano. Y allí se quedó, llorando de alegría con los labios hundidos, la dentadura postiza en una mano y su hijo bien metido en ella.
Aunque llorando no es lo correcto, porque la vieja lanzaba unos gritos más potentes que mi puta sirena.
El incesto es tan solo un convencionalismo y los gritos de placer de la vieja madre, así lo demuestran.
A veces la naturaleza entra en armonía y todos los seres de todos los lugares se sincronizan para el precioso apareamiento.
Y ahí me desperté, como estaba muy excitado y el condón bien colocado, llamé a mi santa que estaba en la cocina preparándome la cena, que recién había llegado de trabajar.
-Chúpamela que estoy a punto.
-Cariño, tengo tus vol-au-vent a punto de salir del horno.
-Bueno, si se estropean me haces otros luego; pero ahora te necesito.
Cuando se arrodilló, ante mi pene, le pedí a mi hijo que estaba sentado a mi diestra, que bajara el volumen del televisor.
-Iconoclastito, baja ahora mismo el volumen.
-¿Y por qué no te la chupa en vuestra habitación?
-No me contestes. Mari: dile a tu hijo que no nos conteste.
-¡Nof cofteftef a tuf fadrez o de barto la cara, cabrfón” -contestó ella con su boca llena de mí.
Iconoclastito lanzó una carcajada, mi mujer se contagió y con ello le dio masaje extra a mi glande provocando que eyaculara al instante, llevado también por una risa tonta.
Los vol-au-vent olían a quemado; pero nosotros reíamos felices y yo estiraba el condón lleno de semen amenazando con dar a mi hijo o a mi santa. Al final se escapó y todos reímos felices con la cara llena de semen.
Una vez pasada la euforia, mandé a mi mujer a la cocina y a mi hijo a que se sentara en el suelo porque yo necesitaba el sillón para dormir hasta que me sirvieran la comida.
Por muchos documentales que veamos, no hay nada comparable con la familia.
Ni Costeau, ni National Geograpic. Solo consiguen repetirse hasta el aburrimiento.
Hay que follar más y ver menos tele.
Buen sexo.
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Iconoclasta
Papel higiénico, una odisea en México D.F.
La vida es muy puta, a veces no sabes lo que te puede ocurrir.
No puedes pretender tenerlo todo controlado.
Y menos si tu esposa es una reina a veces caprichuda y otras berrinchuda como bien le gusta definirse a si misma.
Esta es la historia de una angustia, de un inesperado momento de tremenda tensión. Cuando tus fantasías sexuales se ven de golpe amenazadas por algo tan extraño y a la vez tan simple, te cuestionas inmediatamente si vale la pena seguir viviendo en estado sereno.
Estaba yo pensando en darle "al que te pego" mientras mi entonces novia hacía sus necesidades en el baño de la habitación de un hotel cuyo nombre y que con el paso del día se convertiría en fuente de confusión. Pero esto es un poco más adelante, no es importante comparado con el batido de cacao mental que mi reina hizo con mis meninges.
Estaba yo acomodándome los cojones debidamente para el rito nupcial, cuando ella, con su voz dulce y hermosa dice: "Qué lejos han puesto el papel higiénico".
Te puedes esperar oír un pedo, puedes esperar el chapoteo de los coprolitos al estrellarse contra el agua del inodoro. Pero aquella frase me hizo sudar y comprendí que sería difícil mantener ayuntamiento carnal con la maciza de mi novia.
Yo no soy exigente y si tengo que estirar los dedos un poquito para coger papel, no me lamento.
No hay nada como estar junto a quien amas en los momentos más íntimos para conocer la verdadera faz de la soberbia.
Yo pensé que lo próximo que diría sería algo así como: "Menuda mierda de hotel has ido a reservar". O peor aún:"Ve a recepción y que instalen el portarrollos donde debe estar". Yo sólo pensaba que el mejor sitio del portarrollos para mi reina, sería en una atmósfera cero, donde flotara continuamente muy cerca de ella. Casi rozando sus dedos para que lo tuviera casi íntimamente cerca. No hay una ingeniería suficientemente avanzada como para hacer eso.
También en ese mismo instante pensé en ofrecerle mis propios servicios para alcanzarle el papel, llamar a recepción para que subiera un botones con un rollo en la mano y además, mi poderoso cerebro ya estaba imaginando la distancia y posición en la que mi novia debía tener el papel higiénico en el baño de su casa. Hice planos mentales; pero no conseguía concentrarme, tenía ganas de follar. Muchas.
Tal vez, tenía a su disposición un enano o un mono amaestrado que le trajera el trozo de papel sin que ella tuviera que inclinarse ni a un lado ni a otro. Ni arriba ni abajo.
¿Cómo iba a imaginar nadie que podría salir algo mal por un accesorio del baño?
Acto seguido, la oí resoplar, como si realizara un gran estiramiento y las costillas presionaran los pulmones forzando así la respiración.
Yo pensé en alguna hernia discal, en un exceso de celo limpiándose e incluso que estaba estreñida. Cuando estás confuso, piensas en mil cosas diferentes.
Cuando salió debidamente satisfecha, parecía incluso cansada.
-Nunca había visto que se colocara el papel bajo el lavabo -insistió.
Yo pensé que aquella insistencia era por la simple maldad de mortificarme y hacerme sentir mal por no haber reservado habitación en un hotel de diez mil estrellas. Es caprichosa mi reina.
Miré adentro del baño, con los ojos fuera de las órbitas, como haría un caracol asustado, pero no pude encontrar esa tremenda distancia que había provocado su comentario.
Poco duró ese momento de angustia, porque enseguida la abracé y le saqué el tanga que se había puesto hacía unos instantes. Respondió con delicia y ternura. Le susurré unas cuantas veces "puta" al oído, y se me derramó en la boca y en los dedos. No somos de esas parejas que están viendo todo el santo día pajaritos azules a su alrededor portando florecitas en sus patas. Nos amamos en alma y carne.
Carne... Me gusta su carne porque cuando la acaricias te olvidas de la situación del portarrollos del baño y...
Ya estaba divagando de nuevo, menos mal que no me ha oído escribir esto, de lo contrario se pone ante mí con cualquier prenda que pille al vuelo y se pone a doblarla mirándome el alma con sus profundos ojos y diciéndome así: "Calla de una vez, corazón".
Como iba diciendo, cuando acabamos de darle "al que te pego", la miré de reojo, con un poco de desconfianza pensando en el papel higiénico. Me fijé bien en su anatomía: su cuerpo era perfecto, sus brazos largos y estilizados, sus caderas perfectas. Su vientre... Bueno su vientre ahora estaba precioso aunque resbaladizo de mi semen y saliva. No soy un hombre delicado y ella no quiere que lo sea. Y pensé que en medio de toda esa perfección, se le podía pasar por alto su muestra de soberbia por algo tan banal como el papel higiénico.
Me dormí como una marmota con la polla aún latiendo y mi cerebro concluyó que lo del papel se debió a un lógico fallo de los nervios ante la carga sexual de aquel momento.
Al día siguiente, despertándola y soportando sus patadas (no tiene un dulce despertar e incluso creo que por alguna razón desconocida me odia, cosa que me pone), llegó el turno de ir al lavabo.
Yo ya no pensaba en el papel higiénico, sólo fumaba y acariciaba mi pene porque mi novia me tiene caliente todo el día.
-¡Pero si está aquí el papel!
Me tragué el cigarro lleno de confusión y temí que me esperaría un largo día. Que el papel del culo estuviera lejos, pase; pero que encima caminara alegremente por el baño, me hacía pensar seriamente en la estabilidad mental de mi futura esposa.
-¡Mierda! -mascullé escupiendo la ceniza y el tabaco.
-¿No te habrá dado los buenos días, verdad cielo? -le pregunté intentando integrarme con naturalidad en su mente.
-Es que lo tapaba lo toalla... Y yo creyendo que eran los papeles de debajo del lavabo. Ya me parecía que era muy fino eso de limpiarse el culo con kleenex.
Yo pensé que no era cómodo, el kleenex es demasiado suave, no "arrastra" y por otra parte es tan delicado que acabas traspasando el papel y te limpias directamente el culo con los dedos. Me ha pasado.
Entonces lo comprendí todo y respiré aliviado, todo se debía a una pequeña deficiencia óptica.
La amé con más fuerza y acto seguido me doblé como un yogui riendo sin pudor alguno.
A partir de aquel momento, cada vez que entraba en el lavabo para mear, cagar o masturbarme, me reía y como resultado, o bien me meaba fuera de la taza por culpa del movimiento de la risa o bien cagaba con más prisa por el esfuerzo.
Lavarme los dientes imaginando a mi novia estirarse hacia el servidor de toallitas del lavabo, me hacía parecer un perro rabioso. La pica estaba siempre llena de espumarajos expulsados entre carcajadas. Ya no recuerdo si follé mucho, pero reí lo que en mi vida había reído. Ella también, pero ya empezaba a mirarme de forma hostil, amenazándome que si mis risas continuaban, me iba a follar con mi madre.
La amo, pero tiene esa soberbia... Es tan soberbia que me excita como unos cascabeles en el cuello del Diablo de Tasmania.
Hasta los pecados capitales en ella se convierten en virtudes.
Y aquí no acaba todo, aún quedan más cosas que de tan absurdas, eróticas y divertidas, uno se podría esperar ver a Buñuel discutiendo alguna escena con Dalí mientras filman El perro andaluz.
Larga vida a la Reina.
Buen sexo.
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Iconoclasta
(Basado en hechos reales, aunque nadie se lo crea)
Todo lo que quiso saber sobre una muerte apacible y temía preguntar
Estoy seguro de que si muero soñando algo bello, viviré ese sueño eternamente, es decir: los minutos o segundos que tarde el cerebro en consumir el oxígeno que le queda tras la parada cardíaca, convertirían ese sueño en una deliciosa eternidad.
Y así habré disfrutado de una dulce, apacible y envidiable muerte.
Claro... Y las cabras leen a Marx y a Kierkegaard con gafas.
Sólo un idiota sin cerebro podría morir feliz cuando el corazón se para y los pulmones luchan como cabrones por coger el bendito aire. Un aire que casualmente, en ese preciso instante, se ha retirado un par de metros lejos de la boca y la nariz.
Es de risa, estamos rodeados de apestoso aire toda la vida y cuando lo necesitamos de verdad, se arrincona en un lugar y no se deja respirar.
Ya estaba divagando de nuevo, el sexo me apasiona y me pierdo por retorcidos vericuetos de mi analítica mente.
En definitiva, no hay muerte dulce. El que ha muerto en la cama ha sufrido muchísimo eternizando así su agonía; sin poder abrir los ojos, ni pedir auxilio. Plenamente consciente de que la palmaba solo como un perro.
Decir con el cadáver presente que el individuo ha muerto en paz es alevosa hipocresía y alevosa cobardía. Nada de lo que sentirse orgullosos.
No hay que ser muy listo para darse cuenta de ello. Podéis ser todo lo cobardes e hipócritas que queráis respecto a la muerte; pero taparos la nariz y la boca y aguantad sin respirar todo lo que podáis y luego me decís lo felices que habéis sido.
Si es que sois como críos, esto es una lección de Barrio Sésamo.
Que lo hagáis para prolongar un orgasmo, me parece bien. Pero eso sería confundir la velocidad con el tocino (bacon para los sajones).
Observando detenidamente el cadáver del que ha muerto "dulcemente", veo sus dedos crispados, como si retuviera con ahínco un billete de veinte euros del que no quiere desprenderse, y alguna uña levantada (el de la funeraria no ha hecho un buen trabajo), la lengua mordida, las mandíbulas tan contraídas que hay piezas dentales rotas asomando entre sus labios y las costillas hundidas. Todo esto lleva a concluir que si el finado ha tenido una muerte feliz, yo soy Blancanitos rodeado por los siete enanieves.
Yo me parezco a un muerto así, después de que mi mujer (maciza y divina ella), me ha hecho una paja con ese brío que le da al puño y a la lengua. Pero tampoco es lo mismo.
El del ataúd no ha tenido mi suerte. No ha chillado como un cochino tras un cremoso final feliz.
Ni de coña.
Conozco a su mujer que es mi tía, y a ese no le han tocado el rabo otros dedos más que los suyos en veinte años.
Joder... Si uno se despierta hasta por el zumbido de una mosca. ¿Cómo no se va a enterar de que no puede coger aire?
¿De verdad os creéis esa falacia de la muerte tranquila y apacible?
¿Cómo no se va a enterar de que el corazón se le ha partido en dos y sus pulmones se están anegando de sangre?
No quiero desanimar a nadie ni dar malos rollos; pero del que dicen que ha muerto "apaciblemente", puede deberse a:
1: es mentira.
2: se ha chutado tanto jaco en vena, que en sus pupilas dilatadas aún flotan elefantes rosas con topitos azules, como en una lámpara de bebé.
La cobardía no es una virtud, y cuando se es cobarde hasta para pensar, la mezquindad os hace insoportables, chavales.
Como la de mis ex-suegros y mi ex-mujer...
Hablando de ellos, os diré que si un día muero "apaciblemente", se encargarán de decir a los cuatro vientos que es mentira y sufrí más que Amundsen para encenderse un cigarro en el Polo Sur.
Yo también les deseo una apacible muerte.
Además... ¿Quién quiere una muerte apacible? Se debe morir luchando y sufriendo.
¡A ver! Que dé un paso al frente el que odie la muerte dulce de un cerebro paralítico.
A la mierda, menuda valentía.
Tanto hablar y demostrar para nada.
Margaritas a los cerdos.
Podríamos ponerles borlas a las mortajas y ni aún así sacaríamos un ápice de alegría del muerto.
Ni hay alegría, ni los muertos estén guapos. Su piel da grima tanto por el color de cera, como la textura fofa. Y no hablemos de su rigidez, secos como la mojama.
No hay muerte plácida: vamos a repetir todos juntos y luego pasamos a la canción del cinco que en el culo te la hinco.
No quisiera ser se pájaro de mal agüero (la verdad es que me atrae la idea); pero si la muerte os pilla en la cama, de sufrir los minutos más embarazosos de vuestra vida no os libra nadie.
Siempre será mejor la violencia de un tiro o un degollamiento. ¡Dónde vas a parar!
¿RIP? Y una mierda.
No seais chochos.
Buen sexo.
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Iconoclasta

